De la huerta

 

 

Tengo un hermano que desde niño ha sido un “cocinilla” en el mejor sentido de la palabra. Este apego por los fogones le acarreó algún que otro encontronazo con mi padre, pues por aquella época el hecho de que un varoncito se mezclara con sartenes y tarteras provocaba pánico, ya que cuestionaba su futura “hombría”. Ni siquiera pensando en “los grandes chef” podían tolerar que su interés se colocara en otros lugares, pues el futuro profesional de mi hermano ya tenía destino, y mi padre no iba a consentir que nada ni nadie se interpusiese en él.

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