De gallinas y corrales…

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Mi tía tenía una casa en un pueblo de Andalucía. Y la casa tenía un patio muy grande, precioso, con palmeras, una parra, limonero, su higuera, la hierba Luisa, un pozo y un corral. Y el corral tenía gallinas. Y un gallo. Y las gallinas eran de las de verdad. De esas que picotean de todo, que viven entre paja. De esas que tienen una larga vida. De esas que en nuestros tiempos son difíciles de encontrar.

 

Encima del corral había un pajar, que por tener, tenía hasta una bruja. Se llamaba Atanasia y disponía de dos caras. Creo recordar que una era verde y la otra roja. Por supuesto, una buena y otra mala. En la infancia estas cosas están bien escindidas, para no confundir.

La existencia de este personaje hacía que dar de comer a las gallinas resultara un poco estresante. Era como si unos ojos vigilasen cada movimiento que hacíamos. Darles de comer era todo un ritual. En la sobremesa troceábamos los restos de la comida. Recuerdo sobre todo hacer trocitos la corteza del melón y la sandía.

Lo peor de todo es que debajo del pajar también estaba el water, pues la casa de mi tía era muy antigua y no tenían aseo en el interior.. Creo que alguno de mis problemas intestinales se gestarón en aquella época, pues según me contaban yo mostraba cierta resistencia a ir sola al retrete.

En fin… historias de la infancia. Ese mundo mágico en el que crecemos y al que tenemos que decir adiós cuando asoma la adolescencia. Mundo de ogros, hadas, brujas…. y gallinas.

 

 

La elaboración de los platos la encontrareis en otras entradas. De tods formas, os remito a tutoriales sobre decoupage en vidrio de Youtube que son estupendos.

La caja está realizada también en decoupage, ya sabeis… recortar y pegar.

El detalle de la gallina está realizado con arcilla polimérica, la marca comercial mas conocida es Fimo y con un molde. Es un material interesante que cuando se le coge el gustillo da para mucho y es muy divertido. Hablaremos de ello en otra entrada.

 

Viento del Este, viento del Oeste

Es el título de una novela muy bonita, una historia de amor donde a través de sus personajes se confrontan dos culturas, la Occidental y la Oriental. Al final, parece que pueden convivir las dos. Si cuando se pone voluntad todo es posible.

Un día, hace ya mucho, me “encargó” mi hija una caja para guardar bolsitas de té.

Utilicé papeles de fibra natural con motivos japoneses y servilletas. Los accesorios los encontré en algún sitio y otros los he fabricado. Y por último está lacada. Es laboriosa de hacer, así que hay que tomarselo con calma.

 

Está rematada con pan de oro.

 

Cada papel tiene un dibujo diferente.